Influenciada por el pensamiento económico llamado clásico, que Alberdi estudió fundamentalmente de autores franceses de la primera mitad del siglo XIX, como J.B. Say, buena parte de la obra del gran pensador tucumano puede ser considerada como parte de lo que hoy podríamos llamar "economía constitucional".
Para Alberdi, entre el funcionamiento efectivo de una economía moderna de mercados abiertos y la organización colectiva que se lleva a cabo a través de arreglos y sistemas políticos no hay una diferencia cualitativa de tal significación, que invalide la fertilidad de un área de profunda imbricación. En lugar de concentrar la mira, como lo hace hoy el economista tipo, en las elecciones que cada sujeto -respetando restricciones fijadas ex-ante-, tiene que enfrentar de manera individual, lo que se propone analizar la economía constitucional de Alberdi es el ejercicio de la decisión política que toda la sociedad tiene que tomar cuando se dispone a elegir, entre distintas restricciones o limitaciones posibles de ser establecidas, las reglas de juego que definen el conjunto de acciones económicas que resultarán finalmente permitidas a los individuos. He aquí una enseñanza elemental de enorme actualidad que podemos extraer los economistas revisando la obra de Alberdi: el campo de la economía no es para nada ajeno al ámbito social y político; el intercambio económico no se da en el vacío, en abstracto, sino con arreglos institucionales y políticos que surgen del proceso histórico por el que atraviesan las organizaciones sociales.
Otra enseñanza de igual actualidad que extraemos del pensamiento de Alberdi es su conciencia plena de que esta tarea constitucional no está nunca del todo acabada en el campo de la economía política. Tenía él toda conciencia de que su propio proyecto de constitución era lo posible para su época, una suerte de andamio provisorio en espera de la construcción del edificio real de la nación efectiva.
En falta
Grandes anomalías, como la macrocefalia del puerto en relación con el interior del país, fueron puestas entre paréntesis por nuestro prócer, con la esperanza de que más adelante llegaría el momento de encarar soluciones más definitivas a estas grandes cuestiones sin resolver. En esto seguimos todavía hoy en falta los argentinos que, incapaces de encontrar soluciones prácticas a estas grandes anomalías, seguimos viviendo en un andamio constitucional.
Los economistas, en particular, después de acatar el mandato del siglo XX de transformar el objeto de estudio de la economía "política" en un problema "técnico" de mera asignación eficiente de recursos escasos, pensamos haber avanzado en sabiduría cuando, en este campo de la economía "constitucional" no hemos hecho más que dar la espada, en general, a muchos de nuestros más grandes y viejos problemas.